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Tuesday, July 22nd 2008

8:09 AM

"Que me definan como loco para mí es un gran elogio" (entrevista a Facundo Cabral)

Facundo Cabral es un personaje inclasificable que incomoda prácticamente a todos por una ideología que no se acomoda con ninguna de las conocidas y un estilo artístico que rompe con muchos de los
cánones en la materia. Tanto que  su último disco -en vivo-  tiene sólo cinco canciones y promete un próximo que tendrá sólo tres temas musicales.


P: ¿Le molesta que algunos lo califiquen de loco?

Facundo Cabral: Al contrario, me cae como un elogio. Los cuerdos no escribieron «El Quijote», ni liberaron países, ni bajaron de la Sierra Maestra, ni caminaron sobre las aguas, ni fueron Rimbaud, Van Gogh, o Mondrian. Los cuerdos se dedican a abrir comercios o estar siempre con
la misma mujer. Es verdad que estoy loco; estoy loco por la vida.

Facundo Cabral continúa con sus intenciones de ser considerado un inclasificable, en su próximo disco sólo ofrecerá cinco de sus extensas y comentadas canciones. Para mí, el mayor elogio me lo hizo Borges: «Facundo Cabral es un porteño desaforado que caminó tanto que hizo que París, Moscú y Tokio, entre muchas ciudades, hoy sean barrios de Buenos Aires».


P.: También se lo acusa de mentiroso, que ha inventado muchas de las historias y de las vivencias que cuenta.

F.C.: Una vez tuve una conversación con un taxista; le pregunté dónde vivía; me dijo que en el Abasto. Y la respuesta fue sencilla. Si en lugar de volver cada noche al Abasto, le dije, hubiera seguido derecho, con todos los kilómetros que lleva recorridos, ya hubiera dado varias vueltas al mundo. Eso fue lo que hice yo, siempre seguí para adelante. Y en ese camino la vida me ha premiado con cosas maravillosas, como estar con Rubinstein en el Partenón de Grecia, o que un jeque árabe me festeje los 37 años entregándome 37 mujeres, o ver parir una ballena en el cabo San Lucas junto a Cousteau, que en mi debut en el Hermitage de Mar del Plata estuviera Luis Sandrini sentado
en la platea, que a los 8 años estuviera con Eva y Juan Perón y que me dieran bola, que en España viniera a verme el rey, tener en el público a María Félix o José Alfredo Giménez, que siendo muy joven conociera a Aníbal Troilo y el gordo me apoyara. También me echaron de muchos lugares, por supuesto, pero ése es el riesgo del caminante.

P.: ¿Es verdad también todo lo que cuenta en el escenario? ¿Son ciertas las historias sobre su abuela, sobre su madre, sobre su tío?

F.C.: En un espectáculo es distinto. En el escenario y en la cama todo vale. Y ahí también tuve grandes éxitos y fracasos insuperables. Recuerdo un espectáculo que hice en un teatro de la avenida
Corrientes, que tuve una persona por día en el fin de semana; y encima era el mismo tipo que fue dos veces. Pero, por el contrario, alcancé la fama en 10 segundos luego de estar en el programa de Badía. La gente no me pregunta si digo la verdad o si estoy loco. Todos me saludan, la gente entiende mejor que nadie cómo soy.

P.: ¿Qué lo llevó a vivir de esa manera?

F.C.: No hice nada; no fue un plan. Creo en el destino. Por no haber vuelto a la noche a mi casa, di la vuelta al mundo. Por no tener una mujer conocí a muchas. Cuando tenía guita la guardaba en el baúl de un viejo Falcon que tenía y lo dejaba en la calle. Nunca me até a cosas materiales para ser libre. No tengo tarjeta de crédito, ni casa. Vivo en hoteles y no guardo ni siquiera los libros, con todo el amor que siento por la lectura. Ahora, al menos, tengo cierto orden. He grabado discos y escrito libros; antes, ni eso. Cuento una anécdota. El tema más popular de los que he compuesto, «Vuele bajo», lo estrené en un café concert de Punta del Este en el verano del '68, improvisado en el momento, totalmente borracho, y se lo dediqué a Jorge Cafrune, que estaba allí. Después, tuve la sensación de que había hecho una canción especial, pero no la recordaba, ni la tenía escrita. Fíjese lo que es
mi suerte. Al día siguiente, Jacobo Timerman me invitó a cenar y me dio un paquetito de regalo. Adentro había un casete y llegué a decirle que era un amarrete, que me regalaba un casete virgen. «Escuchálo», me dijo. Estaba grabado todo el concierto y, entre eso, esa canción. La grabó Cafrune antes que yo. Al principio no pasó nada, porque en el mismo disco de Cafrune estaba «Chiquillada», que sí fue éxito inmediato. Pero después explotó. Desde entonces, la han grabado en montones de idiomas, y ese tema me abrió las puertas en muchos lugares del mundo. En verdad, es como que esa canción me la regalaron, que no la hice yo.

P.: ¿Siente que molesta al poder?

F.C.: Fui y soy sospechoso para todos los gobiernos. Siempre digo que soy popular, no famoso. Y a lo mejor por eso nunca me llaman de ninguna Secretaría de Cultura, ni se acuerdan de que canté en lugares donde no estuvo ningún otro argentino. Si hubieran filmado mi vida, sería para el National Geographic.

P.: ¿Cómo calificaría su larga unión con Alberto Cortez?

F.C.: Lo admiré siempre porque cantaba a poetas. Una vez vino a verme en Mar del Plata porque me había escuchado en un taxi. Era un espectáculo en el que nos iba muy mal. Me acuerdo de que en la puerta poníamos un cartel: «Por supuesto que hay localidades». La cuestión es que después de esa visita de Alberto me olvidé del asunto. Al tiempo, viajé a Venezuela. Estaba cantando en una universidad y todos conocían y cantaban «Vuele bajo». Alberto la había grabado y convertido en un
éxito en todas partes; y yo no sabía nada. La unión posterior fue algo muy natural. Entre las dos etapas hicimos 400 conciertos en 17 países. Creo que el secreto del dúo -que en realidad fue un trío porque estaba también un tipo excelente como es Ricardo Miralles- está en que compartimos los mismos gustos, en la literatura, en la música, en la pintura, en la arquitectura. Era una fiesta de 24 horas. Somos iguales como público. En lo demás somos distintos. Alberto me enseñó a ser profesional y él dice que conmigo aprendió a divertirse arriba del escenario. No es fácil armar un dúo que se lleve tan bien. Pienso que con quien podría hacer algo es con Alejandro Dolina; porque tiene literatura y tiene calle. Me interesa la gente que trabaja con la palabra; podría haber compartido el escenario con Jaime Dávalos, por ejemplo.

P.: Dado que sus espectáculos tienen tanto que ver con lo que dice, ¿cómo hace para trabajar en los países de otras lenguas?

F.C.: En los lugares en que no me entienden, me aprendo algunos textos por fonética. Pero cada vez lo necesito menos porque cada vez más gente habla español en todas partes del mundo.

P.: ¿Qué perdió por llevar una vida tan nómade?

F.C.: No estuve cuando murió el gordo Troilo, ni cuando murió mi madre. Tampoco estaba cuando murieron mi hija y mi mujer en el accidente de avión en Estados Unidos, porque no llegué a subir a ese
vuelo. Me perdí el nacimiento de mi ahijado porque se adelantó una semana y no pude llegar. Me perdí a Diego en Boca, el Mundial del '78; me perdí tener un lugar.

P.: ¿Por qué elige la milonga como base para sus canciones?

F.C.: Soy criado en la Patagonia y ahí aprendí la milonga. Pero, además, no existe música donde la palabra esté más cómoda que en la milonga. Borges me decía que yo era un payador en prosa. Me parece una buena explicación. Cantante es el que puede y cantor el que debe. Me siento cantor; cuando subo al escenario, no soy un artista sino un testigo.

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Friday, November 11th 2005

3:30 AM

Peter F. Drucker, mi mejor maestro, mi más antiguo amigo, descansa en paz

 
"Los testigos, los observadores no tienen historia propia. Están sobre el escenario, pero no participan de la acción. Ni siquiera son parte del público: La suerte de la obra y de sus actores depende del público, y en cambio la reacción del observador influye sólo sobre él mismo: Pero como esta de pie al costado -más o menos como el bombero en el teatro - el observador ve cosas que ni el actor ni el público advierten. Sobre todo, ve las cosas de distinto modo que los lectores o el público. Los observadores reflexionan; y la reflexión es un prisma más que un espejo: refracta"
 
Peter Drucker
Adventures of a Byestander
 
Peter F. Drucker, mi mejor maestro, mi más antiguo amigo ha muerto, pero sus ideas y su obra no morirán jamás. Y su ejemplo de trabajo, amor y vida seguirá alentando a todos los que todavía no han tirado la toalla en la lucha por una sociedad justa, en la que todos podamos vivir mejor; con dignidad, más libres, y en paz  
 
Rest in peace, Bystander, You stand by me, always, Peter, in the works of my days, and the songs of my nights, in the beauty and joy of the work well done, and in the awful loneliness of my hearth. Thank you very much for all you have done for me, and for the meaning, dignity and freedom of our lifes.
 
Jorge
 
 
 Ps. Saludos a Fidias, Sócrates, Kierkeegaard,  San Buenaventura,  Mahler,  Pau Casals, Dante, Tolstoi, Marshall Mac Luhan...y demás amigos comunes,  y un cariñoso beso para tus dos maestras, las señoritas Elsa y Sofía...y otro para tus simpática y sabia abuela.

Algunos enlaces interesantes sobre la vida y la obra de Peter F. Drucker

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Monday, June 13th 2005

6:21 AM

Sé que estoy enloqueciendo

Sé que estoy enloqueciendo, porque ya no tengo hambre ni sed, y tú me sacias. Ya no siento dolor, y tú me alivias.
 
Sé que estoy enloqueciendo, y por eso tú hueles a brisa del mar y yo me voy con el viento. Tu me haces esperar en la desesperanza y yo soy, como el áve fénix que renace de sus cenizas, vida que se alimenta del fuego.
 
Sé que estoy enloqueciendo, pues al retroceder avancé; al alejarme te acerqué; al ocultar encontré; al cantar escuché; al recordar olvidé; al dormir resucité; al despertar te soñé.
 
Sé que estoy enloqueciendo, y por ello la contradicción es mi congruencia,  mi razón mis absurdos, mi placer mi dolor.
 
Sé que estoy enloqueciendo, y por eso, sin porqués, sin cómos, sin deberes ni razones, sin mensajes ni correspondencias, sin contextos ni textos, sin méritos ni merecimientos, sin tiempos, sin momentos, más allá de la pasión, del deseo y del sexo, te amo.
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Thursday, May 13th 2004

9:06 AM

He bebido mi parte

Hoy disfruto cada cosa, plenamente, como el horal que he forjado de mi vida. Degusto hoy, con arrojo desmedido, el verbo que se exprime desde mis entrañas, las que por cierto nunca he localizado con certeza. Sin embargo, califico a este cúmulo trenzado de letras y emociones como si fuera un libro poemario por su indudable capacidad de ser flexible,mágico,irreverente, complejo y divino.

Hoy, más que nunca, me descubro en rebelión contra la sencillez de la pasividad, o del confort del que se nutre la pereza. Trabajo en cada fracción de un todo muy lejos del alcance de mi vista, forjo mi diario esquela por esquela, hora por hora, letra por letra.

De vez en cuando, me enfrento a la razón, y conozco ,cara a cara, el tedio del que hablaba Amado Nervo en su poesía:

"Tengo el peor de todos los cansancios, el terrible cansancio de mi mismo…¿Donde ir, que a mi propio no me lleve con el necio gritar de mis sentidos y el vano abejar de mis deseos y el tedio insoportable de lo visto, y el gran desabrimiento de los labios después de la amargor de lo bebido?".

Hoy, sin embargo, me explayo en libertades, soy el orígen de mi sombra, y el vestigio de la luz que la proyecta. Soy un creador, y soy, con mucho orgullo, la cuerda vocal de mis ideas.

He aprendido que todos somos portales por donde se cuela a veces un rayo fugaz de conocimiento. Hablamos por ejemplo de Octavio Paz, Borges,Facundo Cabral o de Neruda, sin reflexionar en el contexto. ¿Quienes son? ¿De donde surge la palabra?

Las formas que nos placen desde sus ideas son las formas que buscamos, son las cosas que tratamos de aprender.

Cuando somos sensibles nos volvemos absorbentes, succionamos las ideas implacables y el ejercicio del vivir florece. No podemos ser mas que perceptivos cuando deberíamos ser evolutivos en nuestras cotidianeidades, pero nos vuelve incapaces la ceguera que ha provocado la pragmática culturización que ha sido el manual de nuestras vidas.

El conocimiento funge como eje, y nos delimita la capacidad de ser leales.

Existe un costo marginal que reclama la inteligencia; un aislamiento lastimoso. Desde la concepción somos sumamente ordinarios, es el conocimiento lo que nos define, los valores, las emociones, el verbo y el entorno conjugan nuestra personalidad.

Nos nutre la vida misma y retroalimentamos al universo (concebido incluyente del infinito tiempo) con nuestra existencia.
 
Somos afines al amor, sin entender de dónde viene y cómo llegó hasta nosotros. Nos formulamos teorías, nos inventamos metáforas y nos liamos entre si fiados en nuestro propio entender de ese fragmento de deidad.

La raíz del conocimiento es Dios, el amor, la verdad y la belleza que está en todas las cosas, la base fundamental de la existencia. A veces he buscado con ambición Salomónica la inteligencia, y me he perdido entre las redes de mis complicaciones sin descubrir donde empezó y donde termina mi jornada.

Fundamentalmente, no puedo ser exclusivo del saber, nadie puede; sin embargo,no dejamos de intentarlo, iniciamos cada dia buscando saciar nuestra hambre de conocimientos, y en ocasiones transcurre toda una vida sin que lo hayamos notado.

La ciencia me condena a dividir mi capacidad de raciocinio en dos hemisferios, la religión en cuerpo, alma y espíritu, pero los grandes hombres han sabido recrear la antítesis de la caja de Pandora, abriendo la vida y la puerta al entendimiento, y lo hicieron siempre de una sola forma, amando, y revolucionando así los intelectos.
 
Entonces, para poseer esa capacidad de comprender, ¿que hace falta? Sobrado esta decirlo.

Me siento satisfecho, pleno de estar en la búsqueda, hoy podría decir que soy más libre de lo que esperaba, porque no me ata nada ni nadie, ni siquiera la falta de inteligencia, porque esta misma se ha vuelto mi más fiel aliada.

No me compromete nadie, y me celebro únicamente ordinario, sencillo y un poquito humano.


Gracias, he bebido mi parte.
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