Sé que estoy enloqueciendo, porque ya no tengo hambre ni sed, y tú me sacias. Ya no siento dolor, y tú me alivias.
Sé que estoy enloqueciendo, y por eso tú hueles a brisa del mar y yo me voy con el viento. Tu me haces esperar en la desesperanza y yo soy, como el áve fénix que renace de sus cenizas, vida que se alimenta del fuego.
Sé que estoy enloqueciendo, pues al retroceder avancé; al alejarme te acerqué; al ocultar encontré; al cantar escuché; al recordar olvidé; al dormir resucité; al despertar te soñé.
Sé que estoy enloqueciendo, y por ello la contradicción es mi congruencia, mi razón mis absurdos, mi placer mi dolor.
Sé que estoy enloqueciendo, y por eso, sin porqués, sin cómos, sin deberes ni razones, sin mensajes ni correspondencias, sin contextos ni textos, sin méritos ni merecimientos, sin tiempos, sin momentos, más allá de la pasión, del deseo y del sexo, te amo.